Problemas en las relaciones sociales
Estamos conectados
A lo largo de nuestra vida los seres humanos podemos tener diferentes tipos de dificultades, ya sea en la relación con nosotros mismos, con los demás o con el mundo. Cuando nos enfrentamos a problemas de relación con los demás estos afectan profundamente a nuestro bienestar.
Las personas somos seres sociales y por tanto conectados a los demás, de ahí que cuando tenemos dificultades en las relaciones sociales tenemos un problema que puede afectar a nuestra calidad de vida y a nuestra salud mental.
Para que la especie humana sobreviva necesitamos cuidar y que nos cuiden. Nadie es autosuficiente, todos nos necesitamos. Cuando somos niños somos completamente dependientes de otras personas, así como también en otras etapas de nuestro desarrollo vital.
Para sentirnos socialmente satisfechos no basta mantener sólo una buena relación con los más cercanos, necesitamos además mantener buenas relaciones con amigos, con compañeros de trabajo, universidad, etc.
¿Por qué tengo problemas de relación social?
A veces el problema viene de lejos. Determinados modelos de familia, sobre todo aquellas que son hiperprotectoras o las intermitentes, contribuyen a tener más posibilidades de sufrir un problema de estas características. La hiperprotección puede producir que el niño deje de aprender determinadas habilidades sociales por la intervención de los adultos.
Imaginemos la típica escena, varios niños en el parque jugando y a uno de ellos sus compañeros no le dejan jugar. El niño llora, grita y protesta; entonces interviene rápidamente la mamá o el papá:
– ¿Cómo es que no dejáis jugar a Juanito?. ¡Venga dejadle jugar con vosotros!.
El grupo de niños admite forzado a Juanito, pero Juanito no ha aprendido nada. No ha aprendido habilidades sociales para que el grupo le admita, fueron los papás los que le resolvieron el problema. Así que, con la mejor intención, produjeron el peor efecto en este caso.
La infancia es una aprendizaje, y este aprendizaje no es precisamente racional. Son las emociones las que nos dan los mensajes que tenemos que aprender.
Cuando Juanito está triste, frustrado y airado porque no le dejan jugar, está aprendiendo una valiosa lección. Ese dolor emocional le está hablando a gritos, «algo estás haciendo mal porque no te dejan jugar». Y es entonces, cuando se produce el cambio, y se aprende una habilidad social.
Pero al pobre Juanito sus padres no le dejaron aprender, para protegerle del dolor emocional en ese momento lo condenaron a algo mucho peor. Ya se sabe, el camino al infierno está empedrado de buenas intenciones.
Otras veces, una experiencia emocional negativa puede asimismo contribuir a crear un problema de este tipo. Un mal profesor, que ridiculiza a un alumno delante de toda la clase. Un problema de bulling, un fracaso social, etc.
Pero ¿qué es lo que pasa en realidad?
Sea como fuere, el caso es que se ha estructurado un miedo patológico a la evaluación social negativa y al rechazo social. Este miedo produce que, como remedio, intentemos evitar aquellas situaciones que estimamos amenazantes.
Lo malo de esta solución es que, aunque aparentemente funciona, en realidad lo que hace es empeorar el problema hasta el punto de afectar gravemente a varias áreas de la vida; porque cada vez que evito la situación me estoy dando un mensaje especialmente dañino: “no soy capaz”, que me hace perder la confianza en mis recursos.
Por otra parte, ese miedo muchas veces se traduce en una obsesión. Pensamos que todo el mundo va a evaluarnos o a ridiculizarnos. Así que cualquier nuevo contacto social me pone en situación de hiperalerta. causando las sensaciones físicas de la ansiedad y la pérdida de control.
¿Y qué podemos hacer?
Cuando hablamos de un problema fuertemente estructurado y que está generalizado, de modo que afecta a varias áreas de la vida, la recomendación es acudir al psicólogo.
La ayuda profesional en estos casos es, muchas veces, el medio para superar un problema cuya solución pasa por un cambio de punto de vista. Esto es, en primer lugar es necesario romper la convicción de que se está siendo juzgado y rechazado por los demás, para después poder comenzar el trabajo de afrontamiento de las situaciones temidas.
Como decía Ghandi «si quieres cambiar el mundo cámbiate a ti mismo».
¿Preparad@ para cambiar?
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